¿Cuáles son sus perspectivas de PIB para la eurozona y EE. UU.?
Cuando analizamos todas las estadísticas disponibles para el primer trimestre de este año, la tasa de crecimiento del PIB ya es negativa para la zona euro. El crecimiento del PIB se sitúa en el -0,2 % y la probabilidad de que esta cifra de PIB pase a terreno positivo es bastante baja. Nuestras perspectivas de PIB para 2026 se sitúan entre el 0,6 % y el 0,7 %, lo que corresponde a una revisión a la baja de -0,5 puntos porcentuales en comparación con lo que esperábamos a principios de año.
El crecimiento sigue siendo positivo en EE. UU. a pesar del complejo entorno que venimos observando desde marzo de 2026. Al analizar todos los componentes, existen sólidos soportes provenientes de la demanda global y, más concretamente, de la inversión privada, respaldada por la estelar cantidad de CapEx (gasto en capital) que están dedicando las grandes empresas tecnológicas. El segundo factor que impulsa al alza esta tasa de crecimiento del PIB es la política fiscal. Y, por último, pero no menos importante, el tercer factor que consideramos que contribuye de forma positiva a este impulso favorable es el mercado laboral. Desde marzo, hemos observado que este mercado laboral se está recuperando de manera gradual, respaldando los ingresos de los hogares y, a su vez, la demanda global de los Estados Unidos.
Existe una paradoja en esta situación porque el crecimiento es resistente en EE. UU., mientras que el crecimiento disminuye en Europa, y nos encontramos en un contexto donde el rumbo de ambos bancos centrales es completamente diferente.
¿Cuáles son sus perspectivas para la inflación en ambas regiones?
Evidentemente, la tasa de inflación en EE. UU. ha aumentado debido a la contribución positiva de los precios de la energía. Sin embargo, al comparar el aumento de esta inflación general con el incremento de la inflación subyacente (core), podemos ver que no hay indicios claros de un efecto de contagio (spillover) que esté contaminando la inflación subyacente.
Cuando analizamos la situación en Europa, nos encontramos más o menos en el mismo escenario. La inflación general ha aumentado debido a la contribución positiva de los precios de la energía. Pero la situación en Europa es idéntica a la de EE. UU.: no asistimos a un efecto de contagio que contamine la inflación subyacente. La inflación subyacente permanece más o menos bajo control.
¿Cuáles son sus puntos de vista sobre la política monetaria de la Fed y del BCE?
Kevin Warsh, que es el nuevo presidente de la Fed, esperará a tener más evidencias para subir sus tipos de interés debido a que el mercado ya contempla una subida de tipos para finales de año. Además, la secuencia del calendario es sumamente importante para EE. UU. porque, de aquí a finales de año, tenemos las elecciones de mitad de período (midterms).
Todos sabemos que la Fed es bastante reacia a realizar movimientos en torno a este periodo electoral de las midterms. Consideramos que Kevin Warsh esperará hasta finales de año antes de subir los tipos de interés si el mercado laboral se mantiene sólido y si las presiones inflacionistas se contagian a la inflación subyacente.
Sin embargo, en Europa, Christine Lagarde ya ha decidido incrementar los tipos de interés en 25 puntos básicos, justificando esta subida por las amenazas procedentes de los precios de la energía y un probable contagio a la inflación subyacente. La incógnita ahora es: ¿Continuará el BCE subiendo sus tipos de interés y provocará al final del día una recesión en la zona euro? Creemos que el BCE ha decidido simplemente enviar una señal al mercado de que son reactivos y de que se están tomando en serio la cuestión de la inflación, únicamente para no permitir que las expectativas de inflación se desanclen.