Después de más de tres décadas marcadas por la "gran moderación", los mercados están entrando en una nueva fase en la que los equilibrios económicos globales están siendo redefinidos. La desglobalización de las cadenas de valor, acelerada por las políticas proteccionistas de la administración Trump, está redefiniendo los flujos comerciales y las decisiones de inversión. Al mismo tiempo, están surgiendo nuevos motores estructurales: el auge de la inteligencia artificial, cuyo impacto económico ahora se extiende más allá del sector tecnológico, y la innovación monetaria, que está redefiniendo el alcance de la intervención de los actores económicos, siendo los bancos centrales los más destacados.
La combinación de estos desarrollos plantea una pregunta clave para 2026: ¿estamos en una fase de transición o es el comienzo de una ruptura genuina con el actual régimen económico y financiero?
En este entorno más fragmentado y menos predecible, Axel Botte, Jefe de Estrategia de Mercado, Alexandre Caminade, Jefe de Renta Fija Soberana, de Mercados Emergentes y Agregados, Philippe Berthelot, Jefe de Crédito y Mercados Monetarios, y Frédéric Leguay, Jefe de Acciones Fundamentales, presentan la perspectiva de Ostrum AM para el próximo año: un crecimiento global continuado y desigual, una normalización selectiva de las políticas monetarias, un mercado de crédito que se mantiene dinámico y un entorno de acciones respaldado por un regreso al crecimiento de las ganancias.
Mercados: entre la resiliencia y las tensiones
Según Axel Botte, Jefe de Estrategia de Mercado, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha aumentado significativamente la incertidumbre económica en Estados Unidos, afectando el crecimiento y el empleo, con la notable excepción del sector de la inteligencia artificial. Se espera que la IA contribuya con casi la mitad del crecimiento de EE. UU. en 2025, a costa de un marcado efecto de desplazamiento sobre el resto de la economía: concentración de la financiación, presión sobre los costos energéticos y una desaceleración general de la actividad no tecnológica.
Se espera que este crecimiento a dos velocidades persista en 2026, permaneciendo por debajo de su potencial del 2%. El riesgo de que estalle una burbuja relacionada con la IA y el deterioro en la calidad del crédito de los consumidores son los principales factores negativos. Sin embargo, se espera que la inflación se modere a partir de la primavera, mientras que el desempleo seguirá aumentando.
Sin embargo, la esperada decisión de la Corte Suprema de EE. UU. en el primer trimestre sobre la legalidad de los aranceles podría cambiar la trayectoria del comercio global: una desescalada forzada allanaría el camino para una recuperación en el comercio.
En la zona euro, la recuperación económica está cobrando impulso, impulsada en particular por los planes de inversión en Alemania, que tendrá un déficit público de más del 3% del PIB en un futuro previsible. Este estímulo compensará parcialmente la consolidación esperada en Francia, lo que permitirá que el crecimiento europeo se mantenga por encima del 1%, gracias en particular a España. Se espera que la inflación se mantenga ligeramente por encima del 2% debido a un mercado laboral aún ajustado y presiones salariales residuales.
En China, la economía sigue en una encrucijada: demanda interna débil, reorientación industrial hacia tecnologías avanzadas, contracción en el mercado inmobiliario y aumento de las presiones deflacionarias.
En el frente monetario, Jerome Powell dejará su cargo en mayo. El reajuste de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal debería favorecer una postura más acomodaticia, con la tasa de fondos de la Fed esperada en torno al 3%. En la zona euro, se espera que el BCE mantenga su tasa de depósitos en el 2% mientras continúa con su endurecimiento cuantitativo. Si la inflación persiste, se podría considerar un aumento de tasas en el cuarto trimestre.