Karen Kharmandarian

Karen Kharmandarian

CIO & Senior Portfolio Manager Thematics AI & Robotics
Thematics Asset Management

Alexandre Zilliox

Alexandre Zilliox

Portfolio Manager Thematics AI & Robotics
Thematics Asset Management

En lo que respecta a cómo trabajamos, la crisis del COVID trajo consigo un cambio radical. A medida que nos seguimos adaptando a las nuevas formas de trabajo, ¿vamos a ser testigos de una revolución silenciosa o de una disrupción total?

En la década de 1930, el economista británico John Maynard Keynes hizo una sorprendente predicción: cuando sus hijos fuesen adultos, la gente solo trabajaría 15 horas a la semana.1

Eso nunca llegó a pasar. Lo que ocurrió en realidad fue que Keynes murió de un paro cardíaco en 1946 —al parecer por exceso de trabajo— y el promedio de horas de trabajo anual apenas ha variado desde entonces.2

Si bien es cierto que el aumento constante de los puestos de trabajo en el sector servicios, la desaparición generalizada de los sindicatos y la llegada de Internet puede haber cambiado la naturaleza del trabajo durante todo este tiempo, no ha sido de ningún modo ha sido un proceso tan drástico como el que Keynes y otros habían predicho.

Entonces llegó la crisis del COVID y lo cambió todo. No se trata solo de que muchos de nosotros trabajemos ahora desde casa con más frecuencia: existe una tendencia que está causando una serie de efectos dominó de amplio calado y que están pasando casi desapercibidos hasta la fecha en toda la economía. Sin embargo, es posible que el enorme aumento de la inversión en IA que ha tenido lugar en los últimos 18 meses haga algún día realidad la predicción de Keynes o —en el peor de los casos— deje sin empleo de la noche a la mañana a millones de personas.

Todo esto significa que el trabajo y, consecuentemente, la sociedad de los próximos 50 años van a ser radicalmente diferente de los que conocemos hoy en día. Y aún así, se trata de una revolución que muchos inversores todavía están pasando por alto.

Para las empresas, la principal consecuencia de la crisis del COVID quizá haya sido el cambio a un modelo de trabajo a distancia, algo que ha pillado a muchos desprevenidos.

«La implantación del trabajo desde casa», afirma el economista de Stanford Nicholas Bloom, «representa el mayor impacto en el mercado inmobiliario y laboral desde… la segunda guerra mundial.»3

¿Cómo de grande ha sido el cambio? Antes de la pandemia, solo el 5 % del total de días de trabajo se hacía desde casa, una cifra que se duplicaba aproximadamente cada 12 o 13 años.3 De repente, y sin previo aviso, este porcentaje creció súbitamente hasta aproximadamente el 25 %, multiplicándose por cinco, y el 45 % de los trabajadores tuvo que adoptar un horario de trabajo híbrido o totalmente remoto.3

O, como dice Bloom, «estamos ante aproximadamente 50 años de crecimiento condensados en unos dos años».

Esto ha traído consigo algunos beneficios inmediatos. Los trabajadores están más contentos en general, ya que se ahorran aproximadamente 70 minutos al día en desplazamientos y disfrutan de una mejor conciliación entre su trabajo y su vida personal. Esto, a su vez, ha mejorado la productividad, aunque el efecto total ha sido mínimo en líneas generales.3

Además, el trabajo híbrido o remoto también puede ser más inclusivo, lo cual beneficia a las mujeres y las minorías, e incluso puede ayudar a mejorar la retención de los empleados.4 Cada vez más, las empresas con visión de futuro van a tener que ofrecer trabajos híbridos y una mayor flexibilidad para atraer —y mantener— a los mejores talentos.

Aun así, esto es insignificante en comparación con el impacto geográfico que ha tenido el teletrabajo. Aunque el tan esperado «apocalipsis de la oficina» ha resultado quedarse en nada, según Bloom, no se puede decir lo mismo del mercado de la vivienda y el comercio minorista de las ciudades.

Bloom calcula que el 6 % de los comercios minoristas, situados en su mayoría en los centros de las grandes ciudades, sí han llegado a una situación de apocalipsis, y la falta de afluencia no hace sino oscurecer sus perspectivas. Las ventas del comercio electrónico, aunque han caído en comparación con los picos alcanzados durante el confinamiento, puede que sean unas de las grandes beneficiadas.3 Por otra parte, el teletrabajo también ha animado a un gran número de trabajadores a cambiar los bulliciosos centros de las ciudades por la tranquilidad de las urbanizaciones residenciales periféricas Esto ha distorsionado el mercado inmobiliario de la vivienda, subiendo los precios en las urbanizaciones de las afueras y lastrando los precios de los centros urbanos.

Y esto no es todo. La revolución también puede dar lugar impactos tecnológicos duraderos. La ubicación cada vez más remota de los lugares de trabajo exige enormes avances en cuanto a digitalización y las empresas estadounidenses están cumpliendo en este sentido: el número de patentes registradas que incluyen palabras como «trabajo remoto», «teletrabajo» o «trabajo desde casa» se ha más que duplicado, pasando de tan solo el 1 % antes de la pandemia a más del 2,5% en la actualidad.3

Es difícil saber qué nuevos inventos o avances pueden surgir como resultado de esta tendencia en áreas como la realidad virtual o los hologramas, pero lo más probable es que, al mirar atrás, veamos el 2020 como un punto de inflexión en el que la revolución de la del teletrabajo dio lugar a nuevas tecnologías y posibilidades.
Al igual que ocurrió con otras megatendencias, la pandemia también aceleró la llegada de la era de los multi-earners (o pluriempleados) en un momento en el que todo el mundo estaba viendo cómo acceder a nuevas fuentes de ingresos. «El aburrimiento y la necesidad obligaron a las personas a buscar nuevas formas de ganar dinero durante la pandemia», explica Edward Stanley de Morgan Stanley.

«Ahora, la motivación no es tanto la necesidad como la oportunidad», añade. «Los bajos costes iniciales, la posibilidad de escalar rápidamente, los bajos costes de oportunidad de carrera, una mayor satisfacción personal y un cambio de hábitos en lo que respecta a la propiedad de la vivienda se están uniendo para dar lugar a un cambio de paradigma en el futuro del trabajo: un crecimiento estructural de los multi-earners».5

Las oportunidades son infinitas. Puede que las figuras más visibles sean los tiktokers de primera línea y los youtubers más famosos, pero hay oportunidades en áreas como la creación de contenidos, la venta y la reventa, el reparto y el alquiler de espacios no utilizados. Una persona que antes de la pandemia trabajaba de 9 a 5 y de lunes a viernes en una oficina, puede que ahora lo haga solo dos o tres días por semana, y que complemente este ingreso estable alquilando su habitación de invitados los fines de semana, compartiendo consejos de ahorro e inversión en Instagram o conduciendo un Uber en horas punta en las noches con más afluencia de usuarios.

Esta era de pluriempleo se ve ahora respaldada por un enorme y creciente ecosistema de nuevas empresas tecnológicas en las que también se puede invertir, como AirBnb, Uber, Shopify, Etsy, Upwork y Fiverr. A algunas les ha ido mejor que a otras después de un 2022 bastante movido, pero muchas han obtenido un rendimiento por encima del mercado de valores general a lo largo del tiempo. Y el futuro parece prometedor.

«Aunque muchas de las empresas de este tema tan amplio están experimentando fuertes presiones que afectan a su calificación, presentan un atractivo bastante grande si tenemos en cuenta su adopción secular», asegura Morgan Stanley.6

Además, se trata de una tendencia que las empresas no van a poder ignorar: es probable que la era de los multi-earners endurezca aún más el mercado laboral a medida que las personas se vayan acostumbrando a tener diferentes fuentes de ingresos a jornada parcial que les resulten especialmente satisfactorias.

«La economía multi-earner no solo va a hacer que sea difícil encontrar trabajadores [a jornada completa], sino que también va a hacer que sea más difícil retenerlos a medida que los trabajadores vayan teniendo más opciones para obtener ingresos», asegura el economista estadounidense Julian Richers. «La reducción de las barreras para la acceder a nuevas formas de empleo, como el uso de plataformas para multi-earners, refuerza la capacidad de negociación de los trabajadores frente a las empresas».7
Aunque el teletrabajo y el multi-earning van a tener profundas consecuencias en lo que respecta al futuro del trabajo, también hemos sido testigos de una rápida adopción y transformación de la inteligencia artificial (IA). Por ejemplo, un reciente estudio llevado a cabo por PWC mostró que más de la mitad de las empresas encuestadas aceleraron sus planes para la adopción de la IA durante la crisis del COVID.8 Y casi todas aseguraron que la IA es ahora una «tecnología convencional» para ellas de cara al futuro.

No es de extrañar, por tanto, que haya habido un auge sin precedentes de la inversión en IA. La inversión total, liderada por Estados Unidos, despegó finalmente en 2021 (ver más abajo) después de llevar mucho tiempo aplanada, y se espera que siga siendo alta en los próximos años.

¿Qué significa esto para el futuro del trabajo? Un mayor nivel aún de automatización, ya que las grandes empresas buscan reducir costes y mejorar la eficiencia siempre que sea posible. Eso puede traducirse en una reducción de los puestos rutinarios u orientados al cliente y un aumento de la interacción con chatbots o sistemas de autoservicio para el resto de nosotros.

Con el tiempo, esto se vería reflejado en una mejora en la productividad y una aceleración del crecimiento económico, a lo que habría que sumarle menos errores y unos ingresos y márgenes más altos.

El «despliegue de tecnologías de IA y automatización puede hacer mucho por impulsar la economía mundial e incrementar la prosperidad mundial, en un momento en el que el envejecimiento de la población y la disminución de las tasas de natalidad están actuando como un lastre para el crecimiento», afirma McKinsey. A fin de cuentas, «se prevé que las tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial (IA) sumen 15,7 billones de dólares a la economía mundial de aquí a 2030».

Pero todo esto tiene un lado oscuro: podrían llegar a perderse millones de puestos de trabajo por culpa de la IA. McKinsey, por ejemplo, predice que alrededor del 15 % de la fuerza laboral mundial —o alrededor de 400 millones de trabajadores— va a ser desplazada por la automatización de aquí a 2030, una cifra que podría aumentar al 30 % —u 800 millones— en el peor de sus escenarios. Sin embargo, su escenario más lento solo contempla el desplazamiento de 10 millones de personas se verían desplazadas, lo cual sería subyacente a la incertidumbre actual.

Otros, en cambio, no ven el auge de la IA como un juego de suma cero en lo que respecta al trabajo. «La cuestión de si la IA va a reemplazar o no a los trabajadores humanos parte de la base de que la IA y los humanos tienen las mismas cualidades y habilidades, pero, en realidad, no es así», aseguran Garry Kasparov y David De Cremer. Kasparov, de hecho, es famoso por su haber sido derrotado en 1997 por el ordenador Deep Blue de IBM jugando al ajedrez. Pero imaginémonos que hubiera empleado la IA o Deep Blue en su propio beneficio.

Puede que este sea el modelo al que nos dirigimos, afirman, el uso de la IA por parte de las personas para desarrollar nuevos potenciales, una sinergia conocida como «inteligencia aumentada». «Nosotros creemos que la mejora de la productividad y la automatización del trabajo cognitivo rutinario es una bendición, no una amenaza", añaden Kasparov y De Cremer. «Al fin y al cabo, toda nueva tecnología siempre tiene efectos disruptivos cuando empieza a implantarse y durante el desarrollo de nuevas fases, y normalmente solo revela su valor real después de algún tiempo».

Si la inteligencia aumentada ofrece los resultados esperados —y eso es mucho suponer—, pronto podremos obtener unas enormes mejoras de la productividad. Y si estas mejoras vienen de la mano de un aumento de los salarios y una reducción de las horas de trabajo —a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XX— el sueño de Keynes podría llegar a hacerse realidad.

La diversidad intelectual permite desarrollar ideas más complejas. Y las ideas son oportunidades.

Descubra The Expert Collective

GLOSSARY

Teletrabajo: Teletrabajo significa que un empleado trabaja desde su casa, apartamento o lugar de residencia, en vez de en la oficina.
Inteligencia artificial: La inteligencia artificial es la simulación de los procesos propios de la inteligencia humana por medio de máquinas, especialmente equipos informáticos. Entre las aplicaciones específicas de la IA se incluyen los sistemas expertos, el procesamiento del lenguaje natural, el reconocimiento de voz y la visión artificial.
Inteligencia aumentada: La inteligencia aumentada es un área dentro del aprendizaje automático de la IA desarrollada con el fin de mejorar la inteligencia humana en lugar de operar de forma independiente o reemplazarla totalmente.