Solo estrategias de inversión de gestión activa conscientes del clima diseñadas para un mundo de 2°C
El mundo está cambiando. Es posible que los inversores ya no puedan considerar suficientes las estrategias e índices actuales en este momento de transición hacia la “nueva” economía. Especialmente en cuanto a los temas medioambientales, según el Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas1 se están convirtiendo en la norma de las evaluaciones de estrategias de inversión y están haciendo aumentar la presión pública y regulatoria.

El año pasado, por ejemplo, el Artículo francés 1732 estableció el requisito de información de los inversores sobre el impacto no financiero de sus inversiones. La opinión pública se está volviendo más exigente en sus llamamientos a la acción para combatir el cambio climático. Ya sea por motivos éticos de protección del medio ambiente o por el deseo de evitar los riesgos relacionados con esta transición económica, los inversores institucionales deben empezar a observar el impacto medioambiental, social y de gobierno corporativo (Environmental, Social and Governance o ESG) de sus inversiones.

El recorrido hacia las consideraciones ESG de los inversores institucionales parece claro. Sin embargo, antes de establecer una meta, es importante evaluar el punto de partida; una metodología de huella de carbono sólida y fiable puede servir como herramienta básica para evaluar y mejorar el impacto climático.

El arte de interpretar las huellas de carbono
Existen varios métodos para medir las huellas de carbono de las inversiones, pero en general no tienen en cuenta la totalidad del modelo de negocio de las empresas. Algunos se basan solo en las emisiones directas de la compañía y las emisiones de su uso de energía. Otros no tienen en cuenta las ventajas de los productos conseguidas con medidas tales como las emisiones evitadas. Ambas datos son esenciales para comprender los efectos climáticos de una empresa y, por consiguiente, de una cartera.

En primer lugar, cuando solo se atiende a las emisiones directas y de uso energético se omiten las emisiones de la cadena de suministro o de la fase de utilización. La huella de carbono de la mayoría de las compañías de extracción de petróleo y gas procede del uso de sus productos por el consumidor final, y no se capta normalmente salvo que se calculen emisiones en la fase de utilización. Aunque el siguiente es un ejemplo sencillo, sirve para ilustrar cómo las emisiones directas de un emisor no reflejan adecuadamente por sí solas sus efectos climáticos y pueden inducir a error sobre la exposición al riesgo de la empresa.

Pensemos en una empresa que fabrica cosméticos y en otra empresa que produce turbinas eólicas. Si se observan solo las emisiones directas y de uso energético, sus huellas de carbono son iguales. Sin embargo, eso no parece lógico: ¿no contribuye mucho más un fabricante de turbinas a la transición energética? Por ello, es esencial tener en cuenta también las emisiones evitadas por las actividades de las empresas en relación con el mix energético regional. Las emisiones evitadas por la empresa de turbinas probablemente serán mucho mayores que las de la empresa de cosméticos, y demuestran que la magnitud de sus efectos climáticos positivos es mucho mayor.

Como gestora de inversiones, Mirova3 cree que medir las huellas de carbono de nuestras inversiones es una cuestión crucial. Al no satisfacernos los métodos existentes, decidimos colaborar con expertos para desarrollar una metodología innovadora, capaz de calcular tanto las emisiones de ciclo de vida como las evitadas. Ese dato se traduce en un indicador de escenario climático revelador que nos ayuda a entender los efectos relativos de nuestras estrategias y nos proporciona una hoja de ruta para reorientar las inversiones.

Seguir los índices: ¿vamos por mal camino?
Creemos que reconocer la necesidad de invertir de un modo compatible con el consenso internacional sobre limitar el calentamiento global a 2ºC es el primer paso que deben dar los inversores. Comprender los diversos enfoques de contabilidad del carbono y observar tanto las oportunidades como los riesgos climáticos es el segundo. Luego viene el paso más importante: actuar al respecto.

Los índices aún tienen un largo camino por recorrer en lo que respecta a los temas climáticos. La mayoría de ellos representan a una economía que desembocará en un escenario climático de 4,5°C-5,5°C de efectos adversos graves.4 Los sectores más expuestos al cambio climático (energía, recursos, edificios y movilidad) constituyen una parte sustancial de los principales índices, y muchas grandes empresas de esos sectores aún tienen que desarrollar soluciones innovadoras para compensar su presencia en la economía basada en combustibles fósiles y su propia contribución a esa economía. Esta situación refleja la riqueza de los grandes grupos industriales del mundo y la falta de capital de riesgo para nuevas empresas. Como consecuencia, muchos fondos de gestión pasiva  que siguen a los índices tradicionales están alineados con la “vieja” economía, en lugar de buscar equilibrarla con la “nueva” economía baja en carbono.

Por lo tanto, las estrategias que se basan en los principales índices de mercado pueden no bastar para contribuir a mitigar los distintos riesgos asociados al cambio climático. La gestión pasiva, que no es sino la elección de no elegir, no lo hará esta vez. Pero aún quedan varias vías posibles para conseguir que las inversiones sean más amables con el clima, es decir, estrategias de gestión activa conscientes del carbono que no estén estrechamente vinculadas con índices.

Próximos pasos para los inversores
Los gestores activos pueden asignar el capital que tienen a su disposición de un modo que aborde los riesgos medioambientales, sociales, de gobierno corporativo, regulatorios y reputacionales. Esas estrategias, si están bien diseñadas, pueden autoimpulsarse. Aprovechar nuevas oportunidades de inversión puede generar potencialmente beneficios a medio plazo más altos y, al mismo tiempo, mitigar el cambio climático garantizando unos beneficios superiores a largo plazo. Este enfoque de gestión activa consciente del carbono no solo trata de reducir el riesgo a largo plazo, sino que además estimula la innovación y, por lo tanto, puede dar lugar a oportunidades adicionales relacionadas con la economía en transición.

Así, los inversores que estén tratando de reducir los efectos de sus inversiones en el clima y que trabajen con visión a largo plazo pueden buscar gestores de activos que ya hayan evaluado concienzudamente la tarea y hayan empezado a abordarla. Mientras no se desarrollen y apliquen metodologías de huella de carbono para la creación de índices bajos en carbono, las ofertas consistirán principalmente en estrategias gestionadas que tengan en cuenta los efectos del carbono, aunque las diferencias metodológicas podrían producir distintos niveles de impacto.

En Mirova hemos trabajado para reducir el impacto de carbono de nuestras estrategias a fin de alinearlo con el objetivo de 2°C sin perjudicar la rentabilidad. Hoy, nuestros fondos consolidados de renta variable son compatibles con un escenario de 1,5°C frente al de 2,9°C de hace dos años. Lo hemos logrado observando oportunidades de inversión que van más allá de las obvias: no solo fabricantes de equipos renovables, sino toda la cadena de valor de soluciones de energía renovable y eficiencia energética. Y no solo grandes compañías presentes en los índices, sino también empresas de mediana capitalización con sólidos modelos de negocio que proponen soluciones innovadoras. Mediante esa gestión activa consciente del carbono de estrategias tanto diversificadas como temáticas, Mirova ha reducido sustancialmente el perfil climático de sus inversiones, y con ello su exposición a los riesgos asociados, con vistas a generar rendimientos sostenibles a largo plazo.

El mundo está cambiando... Y nosotros también. Las finanzas pueden y deben desempeñar un papel en la transición a la “nueva” economía y prevenir los peores efectos del cambio climático proporcionando soluciones de inversión diseñadas para abordar las oportunidades y los riesgos asociados. Paso a paso, las huellas de carbono de los inversores pueden aligerarse.
1 Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un conjunto de 17 objetivos globales establecidos por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El nombre formal de los Objetivos es “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, y su versión breve es “Agenda 2030”.

2 El Artículo 173 de la Ley francesa sobre transición energética entró en vigor el 1 de enero de 2016. Reforzó los requisitos obligatorios de revelación de carbono de empresas cotizadas e introdujo la revelación de información sobre carbono para inversores institucionales, definidos como propietarios de activos y gestores de inversión.

3 Opera en EE.UU. a través de Ostrum Asset Management U.S., LLC.

4 Stephens, Samantha. “Estimating Portfolio Coherence with Climate Scenarios” (Estimar la coherencia de la cartera con escenarios climáticos). Mirova.
Invertir conlleva riesgos, incluido el riesgo de pérdida.

Este documento se proporciona con fines únicamente informativos y no debe interpretarse como asesoramiento de inversión. Las opiniones expresadas pueden cambiar en función de las condiciones del mercado u otras circunstancias. No puede garantizarse que los acontecimientos se producirán del modo señalado.

La inversión medioambiental, social y de gobierno corporativo (ESG) se centra en inversiones en empresas que demuestran adhesión a esas prácticas, por lo que el universo de inversión puede reducirse. Con una estrategia ESG, un título puede venderse en condiciones desventajosas o desaprovechando oportunidades que surgen en determinadas empresas, sectores o países. Ello podría afectar negativamente a la rentabilidad en función de que las inversiones correspondientes disfruten o no de un trato favorable.