Jens Peers, CFA®*

CEO & CIO Mirova US**
Mirova

Amber Fairbanks

Portfolio Manager
Mirova US**

La desinversión puede parecer la primera opción más lógica para los inversores que buscan evitar la exposición a una actividad específica o simplemente como respuesta a la presión pública. Pero, ¿es la desinversión de activos -de acciones de petróleo y gas, por ejemplo- útil para los objetivos de inversión sostenible, o es más fructífero comprometerse con las empresas y tratar de dirigirlas hacia un futuro más sostenible?

La guerra de Rusia con Ucrania ha vuelto a traer a primera línea de debate la desinversión. Los gestores de activos responsables se ven con el deber de actuar y, al hacerlo, obligan al resto a prestar más atención a los aspectos sociales y éticos de su proceso de inversión.

De hecho, esto puede suponer un precedente para cualquier inversión en países sospechosos de cometer delitos contra los derechos humanos.

Sin embargo, antes de la crisis actual ya estaba imponiéndose el debate acerca de si es más eficaz desinvertir o «comprometer» a las compañías para que actúen de manera más responsable.

En Estados Unidos, por ejemplo, ExxonMobil —la mayor petrolera no estatal del mundo— se vio afectada por una importante intervención de los accionistas cuando Engine No. 1, un fondo de cobertura hasta entonces relativamente desconocido consiguió hacerse con tres puestos en su junta con el objetivo de acelerar la lucha contra el cambio climático1. Fue, por así decirlo, un notable golpe corporativo y forzó a ExxonMobil a reducir sus nuevos objetivos de producción de petróleo a largo plazo.

En el otro extremo del debate, muchos siguen abogando por la desinversión como herramienta esencial para alcanzar metas de inversión sostenible. El grupo británico de seguros y pensiones Scottish Widows ha anunciado recientemente su intención de deshacerse de 1.500 millones de libras esterlinas de participaciones en empresas, entre las que se encuentran las de las industrias intensivas en carbono.

La desinversión, en teoría, refleja el objetivo de los inversoresde limitar la exposición a actividades polémicas en consonancia con sus convicciones, o de evitar obtener un lucro en ciertos sectores, y a menudo se considera la respuesta más sencilla a la presión de los accionistas o del público en general.

En el caso de los gestores de fondos presionados para descarbonizar sus fondos, supone una manera rápida de reducir la intensidad de las emisiones de carbono de su cartera Al desinvertir, se envía una señal: se retira la participación financiera de aquellos ámbitos en los que la empresa está incumpliendo sus compromisos en cuanto al cambio climático, por ejemplo, o ha tomado de manera permanente una dirección equivocada en la transición a la energía verde.

Sin embargo, este tipo de acciones lo único que hacen es pasar el carbono de una hoja de balance a otra: al final la posición pasa a un inversor menos concienciado.

Se ha afirmado, por ejemplo, que la venta del campo petrolero de Prudhoe Bay en Alaska por parte del gigante BP a Hilcorp, una empresa bastante desconocida y no cotizada en bolsa, puede contribuir a reducir su huella de carbono2. Pero, en realidad, lo que ha conseguido es aumentar las emisiones, porque los nuevos dueños no tienen los mismos incentivos para mantener sus operaciones limpias.

Además, puede que el impacto de la desinversión no sea tan importante como se cree. Un estudio llevado a cabo por la Stanford Graduate School of Business3 demuestra que la «desinversión» en empresas que incumplen los criterios de inversión sostenibles no es tan efectiva como creen sus defensores. Además, al desinvertir, también se retiran los recursos financieros que necesita la empresa para llevar a cabo la transición a un futuro más ecológico, lo que convierte a la desinversión en un escenario de perdedor-perdedor en lo que respecta a la lucha contra el cambio climático.

En cambio, si se permanece dentro y se sigue comprometiendo a la junta y utilizando el derecho a voz, se sigue teniendo la capacidad de influir y se puede exigir a la empresa que actúe mejor. Los gestores de activos lo llaman «activismo accionarial». De hecho, un estudio publicado por Harvard en 20204 llegó a la conclusión de que «una salida es menos eficaz que seguir contado con voz a la hora de empujar a las compañías a actuar de manera socialmente responsable».
De todos los esfuerzos de compromiso de primer orden, puede que el más decisivo sea el ejemplo del gigante ExxonMobil. El fondo de cobertura activista Engine No. 1 consiguió colocar tres directivos concienciados con la lucha contra el cambio climático en la junta de ExxonMobil después de una pelea por el voto de los accionistas, que muchos vieron no solo como una victoria de «la inversión sostenible frente a los gigantes del petróleo», sino también como una clara demostración del poder del activismo accionarial.

Según sus detractores, la compañía había mostrado pocos avances durante una década porque había ignorado continuamente los problemas relacionados con la sostenibilidad y era famosa por menospreciar las inquietudes de los accionistas en cuanto a la transición energética5. Engine No. 1 utilizó un argumento económico, utilizando los datos ESG disponibles que mostraban que ExxonMobil podía mejorar sus beneficios a largo plazo reduciendo las emisiones y, gracias a su nombramiento, los nuevos directivos impusieron una experiencia de energía verde en la junta.

Esto supuso un terremoto en el sector del petróleo y el gas. Si un activista accionarial podía hacer esto a la mayor petrolera de Estados Unidos, significaba que ninguna empresa estaba a salvo, incuso las del sector energético. Todas las empresas con altos niveles de emisiones de carbono se dieron cuenta de que lo que le había pasado a ExxonMobil les podía pasar a ellas.

Del mismo modo, la sentencia contra el gigante petrolero Shell en 2021 fue vista por algunos como una señal crucial que venía a cambiar el diálogo acerca de la responsabilidad de las empresas en relación con el cambio climático. Shell perdió un juicio histórico en los Países Bajos, donde un tribunal obligó a la compañía a reducir sus emisiones - un caso presentado por siete grupos, entre ellos Greenpeace y Amigos de la Tierra Holanda.

Aunque Shell ha presentado un recurso contra la sentencia del tribunal holandés, sus inversores se alteraron lo suficiente a finales del año pasado como para respaldar sus planes de trasladar su sede al Reino Unido desde los Países Bajos. Además, el bufete de abogados ambientalistas ClientEarth ha iniciado acciones legales contra todo el consejo de administración de Shell6.

Aunque sólo sea para demostrar que se necesita perseverancia y paciencia cuando se trata de la propiedad activa: Los accionistas de Shell presentaron una resolución en 2017 pidiendo a la empresa que estableciera objetivos de reducción de las emisiones de carbono. Pero el caso también demuestra que el compromiso genera responsabilidad por la acción -o la inacción- de la empresa y que los consejos de administración con estrategias climáticas inadecuadas pueden verse cada vez más en entredicho..
Hay una teoría que afirma que, mientras exista una demanda de petróleo, gas y carbón, su producción será un negocio, incluso aunque se vuelva menos rentable debido a la subida de los costes de capital. Aun así, como afirmaba Bill Gates en un comentario en el Financial Times en 2019: «Hasta la presente, la desinversión ha reducido las emisiones en unas cero toneladas. No parece que se haya privado de capital a [las empresas] que producen acero y gasolina».

Para algunos inversores, sin embargo, llega un punto en el que el compromiso pierde su efectividad, especialmente en el caso de los combustibles fósiles. El mayor fondo de pensiones de Europa, ABP, anunció en octubre de 2021 que iba a desinvertir en todos los productores de combustibles fósiles porque veía «pocas oportunidades como accionista para fomentar la necesaria y significativa aceleración de la transición energética en estas empresas»8.

Del mismo modo, la segunda mayor reaseguradora del mundo, Swiss Re, aseguró en marzo de 2022 que ya no reaseguraría ni invertiría directamente en nuevos proyectos relacionados con el petróleo y el gas a partir de este año dentro de un proceso de refuerzo de su política sobre combustibles fósiles. También dijo que a partir de julio de 2023 pondría fin a la cobertura individual para las empresas de petróleo y gas que se encuentran entre el 10 % de las que emiten más emisiones en todo el mundo, después de haber negado la cobertura a las que se encuentran dentro del 5 % en 20219.

Es cierto que los inversores tienen que darles tiempo a las empresas para que se adapten mientras llevan su negocio a un itinerario más sostenible. Pero, al mismo tiempo, deben limitarse las relaciones con quienes no se toman en serio el cambio climático.

Está claro que es necesario adoptar una postura más severa con aquellas empresas que no están llevando a cabo la transición lo suficientemente rápido, especialmente si tenemos en cuenta el histórico informe publicado el año pasado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU10, que afirmaba que había que llevar a cabo «reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala» de las emisiones para evitar un efecto desastroso para el planeta. Los inversores ESG no pueden permitirse quedarse de brazos cruzados.

Quizá resulte más útil pensar en el compromiso y la desinversión en conjunto, como dos caras de la misma moneda, más que como soluciones mutuamente excluyentes. Se puede utilizar el compromiso todo lo que se quiera, pero, a menos que se esté verdaderamente dispuesto a desinvertir, el compromiso no es creíble. Los inversores deben guardarse siempre en el bolsillo la amenaza de la desinversión para utilizarla como último recurso.

La diversidad intelectual permite desarrollar ideas más complejas. Y las ideas son oportunidades.

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Glosario

  • Filtros excluyentes: Evitan los valores de empresas o países en base a valores, principios y normas morales tradicionales.
  • Activismo accionarial: Implica un diálogo con las empresas acerca de la inversión sostenible haciendo uso de los derechos de voz y voto para llevar a cabo cambios.
  • Desinversión: Impone una política generalizada orientada a retirar cualquier inversión en empresas relacionadas con actividades controvertidas específicas.
1 Fuente: CNBC, 2021. https://www.cnbc.com/2021/06/02/activist-firm-engine-no-1-claims-third-exxon-board-seat-.html
2 Fuente: Bloomberg, 2021. https://www.bloomberg.com/graphics/2021-tracking-carbon-emissions-BP-hilcorp/
3 Fuente: Stanford Business School, 2021. https://www.gsb.stanford.edu/faculty-research/working-papers/impact-impact-investing
4 Fuente: Harvard Business School, 2020. https://scholar.harvard.edu/files/hart/files/exit_vs_voice_1230.pdf
5 Fuente: Fortune, 2021. https://fortune.com/longform/exxon-mobil-shareholders-oil-companies-covid-ceo-darren-woods-profits-debt-green-energy-fossil-fuels-fortune-500/
6 Fuente: Responsible Investor, 2022. https://www.responsible-investor.com/boards-under-fire-on-climate-shell-lawsuit-proxy-firm-opposition-at-energy-giant-fortum/
7 Fuente: Financial Times, 2019. https://www.ft.com/content/21009e1c-d8c9-11e9-8f9b-77216ebe1f17
8 Fuente: The Guardian, 2021. https://www.theguardian.com/environment/2021/oct/26/abp-pension-fund-to-stop-investing-in-fossil-fuels-amid-climate-fears
9 Fuente: SwissRe, 2022. https://www.swissre.com/sustainability/stories/aligning-oil-gas-business.html
10 Fuente: IPCC, 2021. https://www.ipcc.ch/2021/08/09/ar6-wg1-20210809-pr/

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** Mirova US es un asesor de inversiones con sede en los EE. UU. y una filial en propiedad absoluta de Mirova. Mirova opera en los EE. UU. a través de Mirova US. Mirova US y Mirova han firmado un acuerdo en virtud del cual Mirova proporciona a Mirova US experiencia en inversión y análisis que Mirova US combina con su propia experiencia a la hora de asesorar a los clientes.

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